FORO LIBREASOCIACION CULTURAL, ARTISTICA Y LITERARIA
Francisco Arias Solís - Presidente ~ Plaza San Severiano, 2 ~ 11007 - CADIZ
e-mail: pazylibertad@arrakis.es
URL: http://www.arrakis.es/~aarias
“Intento, como otros hombres de mi generación,
testimoniar e inquietar.”
Alfonso Grosso.
HOMENAJE DE FORO LIBRE A ALFONSO GROSSO
El próximo lunes, día 21, a las 20.00 horas, en la cafetería-restaurante El Cantábrico (Avda. Cayetano del Toro, 21 - Cádiz), la Asociación Cultural, Artística y Literaria FORO LIBRE celebrará un encuentro literario sobre la vida y la obra del novelista sevillano Alfonso Grosso (1928-1995), con motivo del 80º aniversario de su nacimiento.
La trayectoria de Alfonso Grosso se realiza dentro del realismo critico o del realismo social de la “generación del medio siglo”, aunque le separe de sus compañeros de promoción un mayor cuidado del estilo que ya apunta al barroquismo en, por ejemplo, Un cielo difícilmente azul. Grosso está considerado la columna vertebral de la denominada “nueva narrativa andaluza”.
En 1956 apareció su primer libro, Germinal, con el que obtuvo el Premio Sésamo de novela corta. Sus primeras obras son de corte testimonial, con un sentido de denuncia y en ellas critica diversos aspectos de la realidad nacional: La zanja (1961), el mundo del trabajador de la construcción enfrentado al industrial y al de los americanos de la base cercana a esa zanja que construye; Un cielo difícilmente azul (1961), el mundo de los camioneros que adquiere aires épicos; Testa de copo (1963), el de la pesca y El capirote (1966) el de los campesinos de Andalucía. Un giro importante, que marca una nueva época, significa Inés Just Coming (1968), sobre las circunstancias prerrevolucionarias en Cuba, giro que se acentúa en Guarnición de silla (1970, Premio de la Crítica) y Florido mayo (1973), ambas de tipo evocador y en las que la coincidencia de diversas historias permite la reconstrucción de la historia próxima de España desde el siglo XIX. Posteriormente, el novelista andaluz intentó el “best seller” y los premios prestigiosos, abandonando su rico lenguaje y sus escenarios habituales: La buena muerte (1976), Los invitados (1978; finalista del Premio Planeta), crónica-reportaje sobre el quíntuple crimen de Los Galindos, llevada posteriormente a la pantalla, El correo de Estambul (1980), Toque de queda (1981), Con flores a María (1981) y Otoño indio (1983). Entre sus últimas novelas se encuentran las dos primeras entregas de una tetralogía Giralda (1982) y Giralda 2 (1984), que, volviendo a sus raíces andaluzas, desarrollan la crónica de una familia aristocrática desde los años veinte.
No hagamos las paces con la guerra, ni tampoco levantemos guerras con la paz.
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Gracias.
miércoles, 16 de enero de 2008
LA MODA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
LA MODA
“Todos quieren repicar
y andar en la procesión.
Y todos farolear
cuando llega la ocasión.”
José Bergamín.
HAY GRUPOS DEDICADOS INTEGRAMENTE A LA INTRIGA
En España la moda tiene un papel excesivo. Y hay que agregar -y esto es esencial- que la moda hoy casi nunca es “desinteresada”, es decir, no es mera moda: lo económico está detrás de ella, sobre todo en arte, pero también en las demás formas de la cultura. Intereses de marchantes, editores, agentes literarios o artísticos, salas de espectáculos, etc., entran en juego con tan gran volumen y potencia económica, que alteran lo que podríamos llamar las “condiciones iniciales” de la competencia e influyen en la estimación y en la difusión.
Pero, a última hora, los intereses y su juego suelen ser públicos, pueden ser observados, se pueden hacer fácilmente ciertos descuentos, tienen que contar con la aceptación de los compradores o espectadores, y todo ello restablece -aunque sea precariamente- el equilibrio, o al menos muestra dónde está la raíz del desequilibrio.
Hay un fenómeno mucho más grave: la existencia de grupos -predominantemente políticos, aunque a veces con disfraz- dedicados íntegramente -full time- a la intriga. Cuando se está fuera de ella, no se imagina el rendimiento que esa actitud produce. La mayoría de los hombres tienen su vida privada y profesional: se enamoran, a veces se casan; tratan de encontrar un trabajo, a veces lo encuentran; se divierten cuando tienen un poco de tiempo libre y los salarios no están congelados; siguen, hasta donde su autenticidad y sus circunstancias se lo permiten, una vocación. Charlan con los amigos, discuten, leen, a veces piensan, llegan a tener opiniones sobre algunas cosas, y con más frecuencia dudas y perplejidades. Aunque tengan ambiciones o designios de cualquier tipo se entregan a estos temas de manera discontinua, ocasional y probablemente no muy eficaz. Sobre todo, cada uno lo hace por sí, sin conexiones sistemáticas, a lo sumo coincidencias fortuitas o simpatías y afinidades. Así se forja la traba de convivencia, cuyo resultado es esa realidad flexible, elástica, “inexacta”, en gran medida imprevisible, que llamamos una sociedad.
Imagínese, por el contrario, lo que significa la existencia de grandes -a veces enormes- organizaciones, compuestas de miles de individuos con fondos ilimitados, una coordinación estricta y un dedicación íntegra a un propósito coherente. ¿Por qué ejercen funciones directivas, en ciertas sociedades, personas oscuras, de méritos muy modestos o, en todo caso, desconocidos, repentinamente encumbradas, sin que exista una opinión pública que las respalde? ¿Por qué nos enteramos al mismo tiempo de que un hombre existe y de que nos va a dirigir en algún campo importante de la vida colectiva? ¿Por qué son de repente famosos -nacionalmente en unos casos, internacionalmente en otros, y no es indiferente- algunos escritores, algunos artistas cuyos méritos no son demasiado claros? Todavía más interesante, ¿por qué se hacen súbitamente famosos, a partir de un momento determinado, algunos que habían permanecido en la oscuridad muchos años, con una obra comparable a la que resulta después célebre?
Si se repasara con ojo atento y mirada abarcadora la historia de unos cuantos decenios, con buena memoria o datos a la vista, reparando en fechas y conexiones, en los momentos en que se lanzan al público “listas” de figuras ilustres, sorprendentemente homogéneas, en que “casualmente” ocupan puestos relevantes hombres de no mucho relieve pero de la misma filiación, se podría empezar a entender el funcionamiento de las sociedades contemporáneas.
Pero esta medalla tiene un reverso: la intriga no puede sustituir a la creación. Las figuras “inventadas”, “lanzadas” (o impuestas) no se sostienen por sí mismas. Abandonadas se hunden en el olvido, y antes en la indiferencia.
Yo diría que solo la creación prevalecerá. Una buena parte de las obras y personajes que llenan el escenario actual desaparecerán dentro de muy poco sin dejar huella, como ha ocurrido con una larga serie de promociones de los años pasados. Los beneficiarios de estos focos de popularidad, los que reciben la merced de tales “promociones”, a poco despiertos que sean conocen su destino. Algunos se apresuran a aprovechar las rentas y dividendos momentáneos, no pudiendo ocultar la amargura que le envuelve al saberse destinados a no quedar.
“No tengo prisa alguna -decía Ortega- porque se me dé la razón. La razón no es un tren que parte a hora fija. Prisa la tiene sólo el enfermo y el ambicioso”. El que es capaz de crear algo no tiene prisa; puede esperar, porque eso que ha hecho le interesa por sí mismo, porque le basta con haber visto una parcela de verdad, con haber aumentado un poco la belleza, con haber alumbrado un poco mejor un rincón del universo. Y como dijo el poeta: ¡Ay, que alegría me estás dando / ver que yo estoy tan contento / y que tú sigues enredando!”
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
Por la convivencia frente a la crispación.
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Gracias.
“Todos quieren repicar
y andar en la procesión.
Y todos farolear
cuando llega la ocasión.”
José Bergamín.
HAY GRUPOS DEDICADOS INTEGRAMENTE A LA INTRIGA
En España la moda tiene un papel excesivo. Y hay que agregar -y esto es esencial- que la moda hoy casi nunca es “desinteresada”, es decir, no es mera moda: lo económico está detrás de ella, sobre todo en arte, pero también en las demás formas de la cultura. Intereses de marchantes, editores, agentes literarios o artísticos, salas de espectáculos, etc., entran en juego con tan gran volumen y potencia económica, que alteran lo que podríamos llamar las “condiciones iniciales” de la competencia e influyen en la estimación y en la difusión.
Pero, a última hora, los intereses y su juego suelen ser públicos, pueden ser observados, se pueden hacer fácilmente ciertos descuentos, tienen que contar con la aceptación de los compradores o espectadores, y todo ello restablece -aunque sea precariamente- el equilibrio, o al menos muestra dónde está la raíz del desequilibrio.
Hay un fenómeno mucho más grave: la existencia de grupos -predominantemente políticos, aunque a veces con disfraz- dedicados íntegramente -full time- a la intriga. Cuando se está fuera de ella, no se imagina el rendimiento que esa actitud produce. La mayoría de los hombres tienen su vida privada y profesional: se enamoran, a veces se casan; tratan de encontrar un trabajo, a veces lo encuentran; se divierten cuando tienen un poco de tiempo libre y los salarios no están congelados; siguen, hasta donde su autenticidad y sus circunstancias se lo permiten, una vocación. Charlan con los amigos, discuten, leen, a veces piensan, llegan a tener opiniones sobre algunas cosas, y con más frecuencia dudas y perplejidades. Aunque tengan ambiciones o designios de cualquier tipo se entregan a estos temas de manera discontinua, ocasional y probablemente no muy eficaz. Sobre todo, cada uno lo hace por sí, sin conexiones sistemáticas, a lo sumo coincidencias fortuitas o simpatías y afinidades. Así se forja la traba de convivencia, cuyo resultado es esa realidad flexible, elástica, “inexacta”, en gran medida imprevisible, que llamamos una sociedad.
Imagínese, por el contrario, lo que significa la existencia de grandes -a veces enormes- organizaciones, compuestas de miles de individuos con fondos ilimitados, una coordinación estricta y un dedicación íntegra a un propósito coherente. ¿Por qué ejercen funciones directivas, en ciertas sociedades, personas oscuras, de méritos muy modestos o, en todo caso, desconocidos, repentinamente encumbradas, sin que exista una opinión pública que las respalde? ¿Por qué nos enteramos al mismo tiempo de que un hombre existe y de que nos va a dirigir en algún campo importante de la vida colectiva? ¿Por qué son de repente famosos -nacionalmente en unos casos, internacionalmente en otros, y no es indiferente- algunos escritores, algunos artistas cuyos méritos no son demasiado claros? Todavía más interesante, ¿por qué se hacen súbitamente famosos, a partir de un momento determinado, algunos que habían permanecido en la oscuridad muchos años, con una obra comparable a la que resulta después célebre?
Si se repasara con ojo atento y mirada abarcadora la historia de unos cuantos decenios, con buena memoria o datos a la vista, reparando en fechas y conexiones, en los momentos en que se lanzan al público “listas” de figuras ilustres, sorprendentemente homogéneas, en que “casualmente” ocupan puestos relevantes hombres de no mucho relieve pero de la misma filiación, se podría empezar a entender el funcionamiento de las sociedades contemporáneas.
Pero esta medalla tiene un reverso: la intriga no puede sustituir a la creación. Las figuras “inventadas”, “lanzadas” (o impuestas) no se sostienen por sí mismas. Abandonadas se hunden en el olvido, y antes en la indiferencia.
Yo diría que solo la creación prevalecerá. Una buena parte de las obras y personajes que llenan el escenario actual desaparecerán dentro de muy poco sin dejar huella, como ha ocurrido con una larga serie de promociones de los años pasados. Los beneficiarios de estos focos de popularidad, los que reciben la merced de tales “promociones”, a poco despiertos que sean conocen su destino. Algunos se apresuran a aprovechar las rentas y dividendos momentáneos, no pudiendo ocultar la amargura que le envuelve al saberse destinados a no quedar.
“No tengo prisa alguna -decía Ortega- porque se me dé la razón. La razón no es un tren que parte a hora fija. Prisa la tiene sólo el enfermo y el ambicioso”. El que es capaz de crear algo no tiene prisa; puede esperar, porque eso que ha hecho le interesa por sí mismo, porque le basta con haber visto una parcela de verdad, con haber aumentado un poco la belleza, con haber alumbrado un poco mejor un rincón del universo. Y como dijo el poeta: ¡Ay, que alegría me estás dando / ver que yo estoy tan contento / y que tú sigues enredando!”
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
Por la convivencia frente a la crispación.
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martes, 15 de enero de 2008
BLAS PASCAL POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
BLAS PASCAL
(1623-1662)
“Los mejores libros son aquellos que quienes los leen,
creen que también ellos pudieran haberlos escritos.”
Blas Pascal.
LA VOZ LITERARIA DEL PENSAMIENTO
Pascal, de breve vida, unos cuarenta años, y portentosa precocidad de ingenio, es una de las glorias de la literatura francesa. Siendo por inclinación natural, desde su juventud, hombre de ciencia e inventor, escribió por necesidades de la polémica y para complacer a sus amigos, que se lo suplicaron, las llamadas Las provinciales (Lettres provinciales), que hicieron interesarse vivamente al público por las cuestiones de religión y de moral en ellas tratadas, que, a pesar de imprimirse clandestinamente, se agotaban en seguida, de cada carta, las ediciones eran de diez mil ejemplares. Hacíase en esas cartas una campaña, no exenta de peligros, ya a favor del jansenismo, ya contra la moral y la Compañía de Jesús, y aparecían bajo la máscara de un seudónimo, que, al fin, el público fue descubriendo. Tenían tantos de irónicas como de elocuentes. Por ello las admiraban Madame Sévigné y Boileau. Se atribuye igualmente a Bossuet la frase de que si no fuera autor de sus obras hubiera querido serlo de las Lettres provinciales o Petites lettres, otro nombre con que son designadas.
La segunda obra sumamente célebre de Pascal es la titulada Los pensamientos (Pensées), verdadera colección de notas y materiales que Pascal reunió en los últimos años de su vida para escribir un gran libro dedicado a la defensa de la religión cristiana. La muerte se lo impidió y sus herederos recogieron, algo al azar, aquellos fragmentos. En ellos fueron poniendo orden los eruditos, hasta tener una edición que consideraran digna de aquellos Pensamientos.
Aunque Pascal escribió otras obras, con las dos citadas le ha bastado para que no se le olvide en la historia de la literatura. Entre otras cosas fijó, dice un distinguido profesor francés, la lengua que hablaron Bossuet y Racine, y dio el modelo que había que seguir, tanto en el terreno de la más refinada burla, donde pudo aprender Molière, como en el de los más altos razonamientos. Francia le considera como a uno de sus grandes clásicos. El razonamiento le parece a Pascal insuficiente para explicar lo sobrenatural, apela a la intuición y a la voluntad de creer; el hombre, por si solo, no puede alcanzar la Verdad , pero aspira hacia el Infinito.
Blaise Pascal nace en Clermont-Ferrand, Puy-de-Dôme, el 19 de junio de 1623. A los tres años de edad, pierde a su madre, considerado un niño prodigio fue educado por su padre, que era matemático. Pascal destacó precozmente en las ciencias matemáticas; a los doce años encontró las 32 primeras proposiciones de la geometría de Euclides; a los dieciséis publicó un Ensayo sobre las secciones cónicas; a los diecinueve inventó una máquina aritmética (la primera máquina de calcular) para ayudar a su padre en las cuentas que, como intendente en Rouen, debía realizar, y a los veinticuatro verificó los descubrimientos de Torricelli. En 1654 incitado por un amigo interesado en problemas de apuestas, Pascal mantuvo correspondencia con Pierre de Fermat y le envió una primera aproximación al cálculo de probabilidades. Otras de las contribuciones científicas importantes de Pascal son la deducción del llamado “principio Pascal”, que establece que los líquidos transmiten presiones con la misma intensidad en todas las direcciones. En su vida y en su obra influyó mucho el jansenismo, doctrina religiosa que surgió con la publicación de Augustinus de Jansenio, obispo de Ypres, sobre la predestinación y el libre albedrío, y que se difundió por Francia en el siglo XVII. Su fervor le ayudó a sobrellevar una penosa enfermedad que le paralizaba de cintura para abajo y le producía fuertes dolores. Aunque entre 1651 y 1654 pareció inclinarse más por la vida mundana, volvió al misticismo y se retiró a Port-Royal-des-Champs, principal centro del jansenismo. En 1656 el jansenismo fue definitivamente condenado por el papa Inocencio X; algunos de sus seguidores se sometieron; otros, como Pascal, continuaron defendiéndolo con ardor, hasta que, en 1709, Port-Royal fue destruido y los últimos religiosos que lo habitaron dispersados. Pascal, pasó sus últimos años practicando el más absoluto ascetismo y soportando su enfermedad con increíble resignación hasta su muerte, acaecida en París, el 19 de agosto de 1662. Su apellido sigue siendo sinónimo de ciencia. En el presente le recordamos al hablar de presión, una de cuyas unidades lleva su apellido.
Como hemos dicho, sus dos obras principales son Las provinciales y Los pensamientos. La primera publicada entre enero de 1656 y marzo de 1657, consta de una serie de 18 cartas clandestinas, de autor anónimo, dirigidas a un Provincial por un amigo suyo, en las que Pascal defiende la doctrina jansenista. En las cartas I a X la forma es dialogada; de la XI a XVI se dirige a los jesuitas, principales enemigos de la doctrina jansenista, atacando su casuística; las cartas XVII y XVIII atacan directamente a un padre jesuita. Pascal utiliza la lógica y el razonamiento para convencer, pero peca de exceso de ardor y de parcialidad. Su otra gran obra, Los pensamientos, fue publicada por sus amigos de Port-Royal entre 1669 y 1670. Durante el siglo XVIII fue objeto de críticas hasta que fue rehabilitada por los románticos principalmente por Chateaubriand, y ha sido objeto de sucesivas ediciones desde 1842 hasta nuestros días. La obra que Pascal preparaba era una Apología de la Religión Cristiana, de la cual sólo escribió diversas anotaciones, de difícil clasificación, que fueron recopiladas tras su muerte. Y como dijo esta prestigiosa figura del pensamiento y de la literatura francesa: “El corazón tiene razones que la razón desconoce”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
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(1623-1662)
“Los mejores libros son aquellos que quienes los leen,
creen que también ellos pudieran haberlos escritos.”
Blas Pascal.
LA VOZ LITERARIA DEL PENSAMIENTO
Pascal, de breve vida, unos cuarenta años, y portentosa precocidad de ingenio, es una de las glorias de la literatura francesa. Siendo por inclinación natural, desde su juventud, hombre de ciencia e inventor, escribió por necesidades de la polémica y para complacer a sus amigos, que se lo suplicaron, las llamadas Las provinciales (Lettres provinciales), que hicieron interesarse vivamente al público por las cuestiones de religión y de moral en ellas tratadas, que, a pesar de imprimirse clandestinamente, se agotaban en seguida, de cada carta, las ediciones eran de diez mil ejemplares. Hacíase en esas cartas una campaña, no exenta de peligros, ya a favor del jansenismo, ya contra la moral y la Compañía de Jesús, y aparecían bajo la máscara de un seudónimo, que, al fin, el público fue descubriendo. Tenían tantos de irónicas como de elocuentes. Por ello las admiraban Madame Sévigné y Boileau. Se atribuye igualmente a Bossuet la frase de que si no fuera autor de sus obras hubiera querido serlo de las Lettres provinciales o Petites lettres, otro nombre con que son designadas.
La segunda obra sumamente célebre de Pascal es la titulada Los pensamientos (Pensées), verdadera colección de notas y materiales que Pascal reunió en los últimos años de su vida para escribir un gran libro dedicado a la defensa de la religión cristiana. La muerte se lo impidió y sus herederos recogieron, algo al azar, aquellos fragmentos. En ellos fueron poniendo orden los eruditos, hasta tener una edición que consideraran digna de aquellos Pensamientos.
Aunque Pascal escribió otras obras, con las dos citadas le ha bastado para que no se le olvide en la historia de la literatura. Entre otras cosas fijó, dice un distinguido profesor francés, la lengua que hablaron Bossuet y Racine, y dio el modelo que había que seguir, tanto en el terreno de la más refinada burla, donde pudo aprender Molière, como en el de los más altos razonamientos. Francia le considera como a uno de sus grandes clásicos. El razonamiento le parece a Pascal insuficiente para explicar lo sobrenatural, apela a la intuición y a la voluntad de creer; el hombre, por si solo, no puede alcanzar la Verdad , pero aspira hacia el Infinito.
Blaise Pascal nace en Clermont-Ferrand, Puy-de-Dôme, el 19 de junio de 1623. A los tres años de edad, pierde a su madre, considerado un niño prodigio fue educado por su padre, que era matemático. Pascal destacó precozmente en las ciencias matemáticas; a los doce años encontró las 32 primeras proposiciones de la geometría de Euclides; a los dieciséis publicó un Ensayo sobre las secciones cónicas; a los diecinueve inventó una máquina aritmética (la primera máquina de calcular) para ayudar a su padre en las cuentas que, como intendente en Rouen, debía realizar, y a los veinticuatro verificó los descubrimientos de Torricelli. En 1654 incitado por un amigo interesado en problemas de apuestas, Pascal mantuvo correspondencia con Pierre de Fermat y le envió una primera aproximación al cálculo de probabilidades. Otras de las contribuciones científicas importantes de Pascal son la deducción del llamado “principio Pascal”, que establece que los líquidos transmiten presiones con la misma intensidad en todas las direcciones. En su vida y en su obra influyó mucho el jansenismo, doctrina religiosa que surgió con la publicación de Augustinus de Jansenio, obispo de Ypres, sobre la predestinación y el libre albedrío, y que se difundió por Francia en el siglo XVII. Su fervor le ayudó a sobrellevar una penosa enfermedad que le paralizaba de cintura para abajo y le producía fuertes dolores. Aunque entre 1651 y 1654 pareció inclinarse más por la vida mundana, volvió al misticismo y se retiró a Port-Royal-des-Champs, principal centro del jansenismo. En 1656 el jansenismo fue definitivamente condenado por el papa Inocencio X; algunos de sus seguidores se sometieron; otros, como Pascal, continuaron defendiéndolo con ardor, hasta que, en 1709, Port-Royal fue destruido y los últimos religiosos que lo habitaron dispersados. Pascal, pasó sus últimos años practicando el más absoluto ascetismo y soportando su enfermedad con increíble resignación hasta su muerte, acaecida en París, el 19 de agosto de 1662. Su apellido sigue siendo sinónimo de ciencia. En el presente le recordamos al hablar de presión, una de cuyas unidades lleva su apellido.
Como hemos dicho, sus dos obras principales son Las provinciales y Los pensamientos. La primera publicada entre enero de 1656 y marzo de 1657, consta de una serie de 18 cartas clandestinas, de autor anónimo, dirigidas a un Provincial por un amigo suyo, en las que Pascal defiende la doctrina jansenista. En las cartas I a X la forma es dialogada; de la XI a XVI se dirige a los jesuitas, principales enemigos de la doctrina jansenista, atacando su casuística; las cartas XVII y XVIII atacan directamente a un padre jesuita. Pascal utiliza la lógica y el razonamiento para convencer, pero peca de exceso de ardor y de parcialidad. Su otra gran obra, Los pensamientos, fue publicada por sus amigos de Port-Royal entre 1669 y 1670. Durante el siglo XVIII fue objeto de críticas hasta que fue rehabilitada por los románticos principalmente por Chateaubriand, y ha sido objeto de sucesivas ediciones desde 1842 hasta nuestros días. La obra que Pascal preparaba era una Apología de la Religión Cristiana, de la cual sólo escribió diversas anotaciones, de difícil clasificación, que fueron recopiladas tras su muerte. Y como dijo esta prestigiosa figura del pensamiento y de la literatura francesa: “El corazón tiene razones que la razón desconoce”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
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lunes, 14 de enero de 2008
VELAR POR LA LIBERTAD POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
VELAR POR LA LIBERTAD
“¡Yo soy la Libertad, herida por los hombres!
¡Amor, amor, amor, y eternas soledades!”
Federico García Lorca. Mariana Pineda.
LA LIBERTAD SIEMPRE ESTA EN JUEGO
El gran error de los liberales del siglo XIX fue creer que la libertad, una vez conquistada, está asegurada. El error no fue meramente un error político; tenía sus raíces en una convicción radicalmente falsa de la condición humana. La noble idea del progreso, que había sido eso, una idea, como tal cuestionable y problemática, se había convertido, desde finales del siglo XVIII en algo bien distinto y en cierta medida opuesto: en una creencia social, en la cual se estaba, como si fuera la realidad incuestionable. El progresismo fue la mecanización de la fecunda idea del progreso y por ello un gran adormecedor del espíritu alerta, del afán de innovación y libertad.
Que el hombre puede marchar hacia delante, que puede mejorar su situación y hasta su condición, es muy cierto. Pero el reverso de la medalla es que también puede estancarse, retroceder, perder lo que había tenido, malograr lo que había conseguido, caer en formas de vida que parecían superados, que efectivamente se habían superados.
La vida humana es insegura y el hombre está siempre expuesto a caer por debajo de sí mismo, a deshumanizarse. Lo propiamente humano no está nunca “dado”, hay que hacerlo y mantenerlo.
Las formas más eficaces y plenas de opresión corresponden a nuestro siglo XX. Algunas de ellas han pasado, sin embargo, nos preocupa que muchos crean que han pasado definitivamente y sin posibilidad de rebrotar.
La falta de vigilancia, la dejación de la celosa defensa de la libertad hizo que en la primera mitad del siglo XX irrumpieran en Europa, y en otros continentes, las formas de opresión más duras, amplias y tenaces que se han conocido.
En cambio, las diversas tiranías del siglo XX no renuncian a la palabra “democracia”. Democracia “orgánica” se ha llamado entre nosotros a su supresión. ¿Por qué estos usos lingüísticos, por qué el diverso destino de la palabra “democracia”? Cuando la democracia está adulterada, pierde su virtud, se convierte en un mero instrumento de dominio, puede degenerar en una forma de opresión, que se diferencia de las otras en que puede tener origen legal. En esto reside su mayor peligro, porque es posible que la supresión de la libertad se deslice desde dentro, partiendo de ella y aprovechándola. En nombre de una eficacia que suele brillar por su ausencia, se llega al ejercicio autoritario de muchas funciones, que cada vez pierden más su carácter profesional, se fundan menos en la competencia y el prestigio, y se van convirtiendo en rodajas del aparato del poder.
Esto ocurre, en mayor o menor medida, en gran parte del mundo llamado “libre”, porque se rige por principios que invocan la libertad y tienen mecanismos que la aseguran si son usados. Sería aleccionador echar una ojeada en unos y otros países, a lo largo de un lapso de tiempo, digamos un decenio. Se vería si se está en cuarto creciente o en cuarto menguante. Y en este caso sería urgente averiguar cómo se ha producido el descenso.
La libertad siempre está en juego, porque refleja la condición de inseguridad de la vida humana, porque es la forma verdaderamente humana de la vida. Hay que velar por la libertad, descubrir sus riesgos; y, sobre todo, estimularla, ejercerla sin descanso ni desmayo, en todos los campos, todos los días.
“Nunca he creído -decía Rousseau- que la libertad del hombre consista en poder hacer lo que se quiere, sino en no tener que hacer lo que no se quiere”. A esta libertad la fueron a enterrar un día, como a la popular Petenera. Por eso, la letra más exacta y conmovedora que recuerdo con este ritmo, a este compás, es aquella que dice: “La libertad se ha muerto / la llevan a enterrar / los frailes van cantando / ¡Viva la libertad!”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
Paz y libertad.
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Gracias.
“¡Yo soy la Libertad, herida por los hombres!
¡Amor, amor, amor, y eternas soledades!”
Federico García Lorca. Mariana Pineda.
LA LIBERTAD SIEMPRE ESTA EN JUEGO
El gran error de los liberales del siglo XIX fue creer que la libertad, una vez conquistada, está asegurada. El error no fue meramente un error político; tenía sus raíces en una convicción radicalmente falsa de la condición humana. La noble idea del progreso, que había sido eso, una idea, como tal cuestionable y problemática, se había convertido, desde finales del siglo XVIII en algo bien distinto y en cierta medida opuesto: en una creencia social, en la cual se estaba, como si fuera la realidad incuestionable. El progresismo fue la mecanización de la fecunda idea del progreso y por ello un gran adormecedor del espíritu alerta, del afán de innovación y libertad.
Que el hombre puede marchar hacia delante, que puede mejorar su situación y hasta su condición, es muy cierto. Pero el reverso de la medalla es que también puede estancarse, retroceder, perder lo que había tenido, malograr lo que había conseguido, caer en formas de vida que parecían superados, que efectivamente se habían superados.
La vida humana es insegura y el hombre está siempre expuesto a caer por debajo de sí mismo, a deshumanizarse. Lo propiamente humano no está nunca “dado”, hay que hacerlo y mantenerlo.
Las formas más eficaces y plenas de opresión corresponden a nuestro siglo XX. Algunas de ellas han pasado, sin embargo, nos preocupa que muchos crean que han pasado definitivamente y sin posibilidad de rebrotar.
La falta de vigilancia, la dejación de la celosa defensa de la libertad hizo que en la primera mitad del siglo XX irrumpieran en Europa, y en otros continentes, las formas de opresión más duras, amplias y tenaces que se han conocido.
En cambio, las diversas tiranías del siglo XX no renuncian a la palabra “democracia”. Democracia “orgánica” se ha llamado entre nosotros a su supresión. ¿Por qué estos usos lingüísticos, por qué el diverso destino de la palabra “democracia”? Cuando la democracia está adulterada, pierde su virtud, se convierte en un mero instrumento de dominio, puede degenerar en una forma de opresión, que se diferencia de las otras en que puede tener origen legal. En esto reside su mayor peligro, porque es posible que la supresión de la libertad se deslice desde dentro, partiendo de ella y aprovechándola. En nombre de una eficacia que suele brillar por su ausencia, se llega al ejercicio autoritario de muchas funciones, que cada vez pierden más su carácter profesional, se fundan menos en la competencia y el prestigio, y se van convirtiendo en rodajas del aparato del poder.
Esto ocurre, en mayor o menor medida, en gran parte del mundo llamado “libre”, porque se rige por principios que invocan la libertad y tienen mecanismos que la aseguran si son usados. Sería aleccionador echar una ojeada en unos y otros países, a lo largo de un lapso de tiempo, digamos un decenio. Se vería si se está en cuarto creciente o en cuarto menguante. Y en este caso sería urgente averiguar cómo se ha producido el descenso.
La libertad siempre está en juego, porque refleja la condición de inseguridad de la vida humana, porque es la forma verdaderamente humana de la vida. Hay que velar por la libertad, descubrir sus riesgos; y, sobre todo, estimularla, ejercerla sin descanso ni desmayo, en todos los campos, todos los días.
“Nunca he creído -decía Rousseau- que la libertad del hombre consista en poder hacer lo que se quiere, sino en no tener que hacer lo que no se quiere”. A esta libertad la fueron a enterrar un día, como a la popular Petenera. Por eso, la letra más exacta y conmovedora que recuerdo con este ritmo, a este compás, es aquella que dice: “La libertad se ha muerto / la llevan a enterrar / los frailes van cantando / ¡Viva la libertad!”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
Paz y libertad.
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Gracias.
domingo, 13 de enero de 2008
LUISA DE CARVAJAL Y MENDOZA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
LUISA DE CARVAJAL Y MENDOZA
(1566-1614).
“Dígalo amor, a quien diere
el alma por escucharle
que fuerza será dejarle
vida y alma, si le oyere.”
Luisa de Carvajal.
LA VOZ DE UNA PROPAGANDISTA DE LA FE
El temperamento de Luisa de Carvajal es una prueba magnífica de la energía, de la voluntad y valor de carácter español de la época. Con frecuencia, este impulso, seguido hasta sus límites más extremos, era la válvula de escape de la pasión. Si bien, “en poesía religiosa, y en su siglo nadie, la sobrepasa en castellano”. Devorada por un amor insaciable, y por la sed de sufrir por su amor, todas sus composiciones traslucen ese estado de pasión aguda, tan difícilmente sostenido por la generación de los poetas. “Ninfas del paraíso soberanas, / sabed que estoy enferma y muy herida / de unos abrasadísimos amores”, canta Luisa de Carvajal en un arrebatado soneto, para describir los “Coloquios del alma con Dios”, recurriendo a una de las más hermosas imitaciones del “Cantar de los cantares” que haya producido literatura alguna.
Luisa de Carvajal y Mendoza nació en Jaraicejo, provincia de Cáceres, el 2 de enero de 1566. Fueron sus padres Francisco de Carvajal y Vargas y María de Mendoza y Pacheco. Al quedar huérfana a los seis años quedó al amparo de su tía María Chacón, madre del arzobispo de Toledo Bernardo de Sandoval. Como su tía era aya del príncipe don Diego y camarera de las infantas, vivieron en las casas de la princesa doña Juana, junto a las Descalzas Reales. Después se trasladó a Monteagudo con las hijas del Marqués de Almazán, tío suyo, y más tarde a la villa de Almazán. Luisa de Carvajal a la hora de definir su camino no se determina, ni a casarse para vivir conforme a su rango, ni a entregarse por siempre a la quietud de una reclusión perpetua en un monasterio. Hizo voto de castidad, y renunció a cuantos bienes dispensa la fortuna, hasta que a los veintidós años, al conocer los martirios sufridos en Inglaterra por el jesuita P. Edmundo Campiano, prometió solemnemente a Dios “buscar todas aquellas ocasiones de martirio que no fueran repugnantes a la ley de Dios” y, siempre que de ello hallase oportunidad, “hacer rostro a todo género de muerte, tormentos y rigurosidad, sin volver las espaldas en ningún modo, ni rehusarlo por ninguna vía”.
Después de donar cuanto poseía para la fundación de un noviciado de misioneros en Lovaina, partió resueltamente para Inglaterra el 27 de enero de 1605, en busca de una suerte igual a la del P. Campiano. No llegó a sufrir tormentos físicos, pero sí dos veces prisión, a pesar de la protección de los embajadores de España, e incesantes persecuciones de los protestantes, que la tenían por un “papista disfrazado”. Era la época álgida de las luchas religiosas. Los católicos se veían en Inglaterra perseguidos como los herejes en España. Luisa de Carvajal, anhelante del martirio que había de aproximarla a su Dios, prodigaba las manifestaciones de sus creencias, sin atender a las cariñosas reconvenciones de los embajadores de España, Pedro Zúñiga primero, del Conde de Gondomar después,: “¡Quien la tuviera, Rey mío, / en sus sienes apretada!”, exclamará, al pensar en la corona de espina.
Predicando religión por donde pasaba, destruyendo en plena calle las pinturas e inscripciones que ofendían su fe, y confortando con su asistencia a los católicos procesados, expiró, aniquilada por las pruebas y fatigas que se había impuesto, a los nueve años de su llegada a Inglaterra el 2 de enero de 1614, rodeada de una especie de comunidad libre, que había logrado fundar con unas cuantas mujeres piadosas. Sus restos fueron trasladado al convento de la Encarnación de Madrid.
Su obra se reduce a un Epistolario bastante extenso, dirigido a ilustres personalidades de la época, unos Escritos autobiográficos y a una colección de poemas. Su obra es eminentemente religiosa y su misticismo sigue la corriente de San Juan de la Cruz , Santa Teresa y Fray Luis de León.
Luisa de Carvajal es la más ilustre de las escritoras religiosas de su época, y no pocos la consideran como uno de nuestros mejores poetas del siglo XVII. A uno de sus más famosos sonetos pertenece este terceto: “Fragua, que en vivo, fuego me convierte, / de los soplos de amor tan avivada, / que aviva mi dolor hasta la muerte”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
Por la convivencia frente a la crispación.
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Gracias.
(1566-1614).
“Dígalo amor, a quien diere
el alma por escucharle
que fuerza será dejarle
vida y alma, si le oyere.”
Luisa de Carvajal.
LA VOZ DE UNA PROPAGANDISTA DE LA FE
El temperamento de Luisa de Carvajal es una prueba magnífica de la energía, de la voluntad y valor de carácter español de la época. Con frecuencia, este impulso, seguido hasta sus límites más extremos, era la válvula de escape de la pasión. Si bien, “en poesía religiosa, y en su siglo nadie, la sobrepasa en castellano”. Devorada por un amor insaciable, y por la sed de sufrir por su amor, todas sus composiciones traslucen ese estado de pasión aguda, tan difícilmente sostenido por la generación de los poetas. “Ninfas del paraíso soberanas, / sabed que estoy enferma y muy herida / de unos abrasadísimos amores”, canta Luisa de Carvajal en un arrebatado soneto, para describir los “Coloquios del alma con Dios”, recurriendo a una de las más hermosas imitaciones del “Cantar de los cantares” que haya producido literatura alguna.
Luisa de Carvajal y Mendoza nació en Jaraicejo, provincia de Cáceres, el 2 de enero de 1566. Fueron sus padres Francisco de Carvajal y Vargas y María de Mendoza y Pacheco. Al quedar huérfana a los seis años quedó al amparo de su tía María Chacón, madre del arzobispo de Toledo Bernardo de Sandoval. Como su tía era aya del príncipe don Diego y camarera de las infantas, vivieron en las casas de la princesa doña Juana, junto a las Descalzas Reales. Después se trasladó a Monteagudo con las hijas del Marqués de Almazán, tío suyo, y más tarde a la villa de Almazán. Luisa de Carvajal a la hora de definir su camino no se determina, ni a casarse para vivir conforme a su rango, ni a entregarse por siempre a la quietud de una reclusión perpetua en un monasterio. Hizo voto de castidad, y renunció a cuantos bienes dispensa la fortuna, hasta que a los veintidós años, al conocer los martirios sufridos en Inglaterra por el jesuita P. Edmundo Campiano, prometió solemnemente a Dios “buscar todas aquellas ocasiones de martirio que no fueran repugnantes a la ley de Dios” y, siempre que de ello hallase oportunidad, “hacer rostro a todo género de muerte, tormentos y rigurosidad, sin volver las espaldas en ningún modo, ni rehusarlo por ninguna vía”.
Después de donar cuanto poseía para la fundación de un noviciado de misioneros en Lovaina, partió resueltamente para Inglaterra el 27 de enero de 1605, en busca de una suerte igual a la del P. Campiano. No llegó a sufrir tormentos físicos, pero sí dos veces prisión, a pesar de la protección de los embajadores de España, e incesantes persecuciones de los protestantes, que la tenían por un “papista disfrazado”. Era la época álgida de las luchas religiosas. Los católicos se veían en Inglaterra perseguidos como los herejes en España. Luisa de Carvajal, anhelante del martirio que había de aproximarla a su Dios, prodigaba las manifestaciones de sus creencias, sin atender a las cariñosas reconvenciones de los embajadores de España, Pedro Zúñiga primero, del Conde de Gondomar después,: “¡Quien la tuviera, Rey mío, / en sus sienes apretada!”, exclamará, al pensar en la corona de espina.
Predicando religión por donde pasaba, destruyendo en plena calle las pinturas e inscripciones que ofendían su fe, y confortando con su asistencia a los católicos procesados, expiró, aniquilada por las pruebas y fatigas que se había impuesto, a los nueve años de su llegada a Inglaterra el 2 de enero de 1614, rodeada de una especie de comunidad libre, que había logrado fundar con unas cuantas mujeres piadosas. Sus restos fueron trasladado al convento de la Encarnación de Madrid.
Su obra se reduce a un Epistolario bastante extenso, dirigido a ilustres personalidades de la época, unos Escritos autobiográficos y a una colección de poemas. Su obra es eminentemente religiosa y su misticismo sigue la corriente de San Juan de la Cruz , Santa Teresa y Fray Luis de León.
Luisa de Carvajal es la más ilustre de las escritoras religiosas de su época, y no pocos la consideran como uno de nuestros mejores poetas del siglo XVII. A uno de sus más famosos sonetos pertenece este terceto: “Fragua, que en vivo, fuego me convierte, / de los soplos de amor tan avivada, / que aviva mi dolor hasta la muerte”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
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JOSE LUIS LOPEZ ARANGUREN POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
JOSE LUIS LOPEZ ARANGUREN
(1909-1996)
“El intelectual debe ser la voz
de los que no tienen voz.”
José Luis López Aranguren.
LA VOZ DEL MAESTRO DE LA TOLERANCIA
El frágil cuerpo de Aranguren albergaba una mente llena de energía intelectual, profunda curiosidad por el hombre y el mundo y tanta piedad como respeto por el prójimo. Era lo que se llama un hombre bueno. Se fue como había vivido, con esa discreción y esa modestia que nunca le impidieron ser un valiente del pensamiento y un maestro de la tolerancia.
Este firme luchador contra el régimen franquista, que le expulsó de su cátedra universitaria, nos ha dejado como legado una larga lista de publicaciones que han sido consideradas básicas para distintas generaciones. Pero sobre todo, Aranguren fue para muchos de nosotros el vivo ejemplo de que es posible otra universidad, otra enseñanza y otra dignidad docente.
José Luis López Aranguren nació en Ávila el 9 de junio de 1909. Sus primeros estudios lo realizó en un internado de jesuitas de Madrid. En la Universidad estudió Derecho. Pero tras terminar sus estudios de Abogado, estudió la de Filosofía, carrera por la que sentía mayor inclinación. En ésta última carrera tuvo como profesores a Ortega y Gasset y Zubiri, entre otros, y se doctoró con la tesis El protestantismo moral.
De 1955 a 1965, tras ganar unas oposiciones, fue profesor de Etica y Sociología en la Universidad Complutense de Madrid. Separado de su cátedra en 1965 -junto a Agustín García Calvo y Enrique Tierno Galván- por participar en una manifestación estudiantil, se marchó a Estados Unidos, en donde ejerció la docencia en la Universidad de California. En 1976 fue repuesto en su cátedra madrileña con todos los derechos, y cuatro años más tarde, en marzo de 1980, se jubiló como profesor universitario.
Aranguren está considerado como uno de los pensadores e intelectuales más influyentes en el panorama filosófico y cultural de España. En sus estudios filosóficos y religiosos hay un profundo análisis de pensadores españoles (Unamuno, Ortega), reflejado en muchas de sus obras como: Catolicismo y protestantismo como formas de existencia, Crítica y meditación, La ética de Ortega. En otras obras suyas más recientes su atención está más volcada hacia cuestiones sociales y políticas, aunque siempre impregnadas de un claro talante ético y reflexivo: Etica y Política, La juventud europea y otros ensayos, Moral y sociedad, El oficio del intelectual y la crítica de la crítica; La democracia establecida, recopilación de varios de sus artículos publicados durante la transición en España, Etica de la felicidad y otros lenguajes, obra con la que ganó el Premio Nacional de Ensayos en 1989.
En 1992 -formó parte del consejo asesor de Sanidad que depende del Ministerio de Sanidad- publicó Ávila de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz y reunió en un volumen titulado Estudios literarios todos los trabajos publicados sobre autores diversos.
Tanto en el campo de las creencias religiosas como en todos los campos filosóficos, morales o políticos, el pensamiento de Aranguren se ha caracterizado por su heterodoxia e inconformismo. Heredero de una tradición de participación de la vida pública encarnada por los ilustrados, los regeneracionistas Unamuno, Ortega y Aranguren, pensaban que la influencia intelectual ya no la ejercían concretas individualidades, sino un “intelectual colectivo” que participa en los medios de comunicación.
José Luis López Aranguren falleció en Madrid el 17 de abril de 1996. A él le debemos páginas de comprensión literaria para el patriotismo de los escritores exiliados, para la poesía hispanoamericana, para los poetas españoles de obra difícilmente clasificable. Le debemos, tanto en su cátedra como en sus libros, el ejemplo de una fidelidad a la inteligencia y a la palabra justa, a su talante tolerante -la expresión “talante” por él acuñada es ya de tópica circulación-, la presencia de un escritor que no nos deslumbra con las genialidades, sino que nos acompaña y nos enseña con la voz de la tolerancia y de la fraternidad. Le gustaba hablar de talante y supo cultivar el suyo hasta hacerlo ejemplar. Supo unir la ética a la estética, como le recordó José María Valverde cuando fue tras él en la protesta y el exilio. El suyo fue un talante valiente y atrevido. Maestro de pensadores, guía y fuente de inspiración ética y humana de la España contemporánea. El faro moral e intelectual de José Luis López Aranguren no se apagó con su desaparición. La semilla de su ejemplo sigue creciendo y dando fruto.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
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Gracias.
(1909-1996)
“El intelectual debe ser la voz
de los que no tienen voz.”
José Luis López Aranguren.
LA VOZ DEL MAESTRO DE LA TOLERANCIA
El frágil cuerpo de Aranguren albergaba una mente llena de energía intelectual, profunda curiosidad por el hombre y el mundo y tanta piedad como respeto por el prójimo. Era lo que se llama un hombre bueno. Se fue como había vivido, con esa discreción y esa modestia que nunca le impidieron ser un valiente del pensamiento y un maestro de la tolerancia.
Este firme luchador contra el régimen franquista, que le expulsó de su cátedra universitaria, nos ha dejado como legado una larga lista de publicaciones que han sido consideradas básicas para distintas generaciones. Pero sobre todo, Aranguren fue para muchos de nosotros el vivo ejemplo de que es posible otra universidad, otra enseñanza y otra dignidad docente.
José Luis López Aranguren nació en Ávila el 9 de junio de 1909. Sus primeros estudios lo realizó en un internado de jesuitas de Madrid. En la Universidad estudió Derecho. Pero tras terminar sus estudios de Abogado, estudió la de Filosofía, carrera por la que sentía mayor inclinación. En ésta última carrera tuvo como profesores a Ortega y Gasset y Zubiri, entre otros, y se doctoró con la tesis El protestantismo moral.
De 1955 a 1965, tras ganar unas oposiciones, fue profesor de Etica y Sociología en la Universidad Complutense de Madrid. Separado de su cátedra en 1965 -junto a Agustín García Calvo y Enrique Tierno Galván- por participar en una manifestación estudiantil, se marchó a Estados Unidos, en donde ejerció la docencia en la Universidad de California. En 1976 fue repuesto en su cátedra madrileña con todos los derechos, y cuatro años más tarde, en marzo de 1980, se jubiló como profesor universitario.
Aranguren está considerado como uno de los pensadores e intelectuales más influyentes en el panorama filosófico y cultural de España. En sus estudios filosóficos y religiosos hay un profundo análisis de pensadores españoles (Unamuno, Ortega), reflejado en muchas de sus obras como: Catolicismo y protestantismo como formas de existencia, Crítica y meditación, La ética de Ortega. En otras obras suyas más recientes su atención está más volcada hacia cuestiones sociales y políticas, aunque siempre impregnadas de un claro talante ético y reflexivo: Etica y Política, La juventud europea y otros ensayos, Moral y sociedad, El oficio del intelectual y la crítica de la crítica; La democracia establecida, recopilación de varios de sus artículos publicados durante la transición en España, Etica de la felicidad y otros lenguajes, obra con la que ganó el Premio Nacional de Ensayos en 1989.
En 1992 -formó parte del consejo asesor de Sanidad que depende del Ministerio de Sanidad- publicó Ávila de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz y reunió en un volumen titulado Estudios literarios todos los trabajos publicados sobre autores diversos.
Tanto en el campo de las creencias religiosas como en todos los campos filosóficos, morales o políticos, el pensamiento de Aranguren se ha caracterizado por su heterodoxia e inconformismo. Heredero de una tradición de participación de la vida pública encarnada por los ilustrados, los regeneracionistas Unamuno, Ortega y Aranguren, pensaban que la influencia intelectual ya no la ejercían concretas individualidades, sino un “intelectual colectivo” que participa en los medios de comunicación.
José Luis López Aranguren falleció en Madrid el 17 de abril de 1996. A él le debemos páginas de comprensión literaria para el patriotismo de los escritores exiliados, para la poesía hispanoamericana, para los poetas españoles de obra difícilmente clasificable. Le debemos, tanto en su cátedra como en sus libros, el ejemplo de una fidelidad a la inteligencia y a la palabra justa, a su talante tolerante -la expresión “talante” por él acuñada es ya de tópica circulación-, la presencia de un escritor que no nos deslumbra con las genialidades, sino que nos acompaña y nos enseña con la voz de la tolerancia y de la fraternidad. Le gustaba hablar de talante y supo cultivar el suyo hasta hacerlo ejemplar. Supo unir la ética a la estética, como le recordó José María Valverde cuando fue tras él en la protesta y el exilio. El suyo fue un talante valiente y atrevido. Maestro de pensadores, guía y fuente de inspiración ética y humana de la España contemporánea. El faro moral e intelectual de José Luis López Aranguren no se apagó con su desaparición. La semilla de su ejemplo sigue creciendo y dando fruto.
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sábado, 12 de enero de 2008
GREGORIO MARTINEZ SIERRA POR FRANCISCO ARIAS SOLIS
GREGORIO MARTINEZ SIERRA
(1881-1947)
“Gregorio: nada al cantor determina
como el gentil estímulo del beso;
gloria al sabor de la boca divina.
¡La mejor musa es la de carne y hueso!
Rubén Darío.
LA VOZ DE LA FIRMA MARTINEZ SIERRA
Gregorio Martínez Sierra, con la colaboración no declarada de su esposa María de la O Lejárraga, ha producido muchas obras rebosantes de ternura optimista. A Martínez Sierra le dedicó el maestro Rubén Darío su bellísima Balada en honor de las musas de carne y hueso.
Hoy los libros de historia de la literatura recuerdan a Gregorio Martínez Sierra como una figura decisiva para entender la génesis del modernismo español, por su infatigable labor al frente de revistas de primer orden como Vida Moderna, Helios, o Renacimiento y también por su dedicación a empresas editoriales que marcaron toda una época, como Renacimiento y La Estrella; pero a la vez hay que resaltar que fue uno de los directores teatrales más innovadores del momento y un introductor constante de las novedades escénicas europeas. Es calificado por Sainz de Robles como “el mejor director artístico que ha contado el teatro español”. “Mi marido -escribía María de la O Lejárraga-, mientras yo emborronaba cuartillas con lirismos vendidos se ocupaba de fundar y organizar la primera de sus empresas editoriales”.
Gregorio Martínez Sierra nace en Madrid. en 1881. Fue director del teatro Eslava de Madrid, desde 1917 hasta 1925. Desde 1931 Gregorio Martínez Sierra reside en Estados Unidos y Argentina, donde dirige la sección hispánica de la producción Fox. Muere en Madrid el 30 de septiembre de 1947.
Gregorio comienza publicando versos modernistas Flores de escarcha y Horas de sol. La obra literaria de María Lejárraga, bajo el nombre de Gregorio Martínez Sierra, es copiosa, tanto en el campo de la novelística como en el de la dramaturgia. Su novela Tú eres la Paz, publicada en Barcelona en 1909, constituyó un best-seller. En 1919 la novela fue adaptada para la escena con el nombre de Madrigal. Tú eres la paz forma parte del trío de novelas largas de la firma Martínez Sierra, con La humilde verdad (1904) y El amor catedrático (1910). La primera obra que lograron llevar a un escenario, en 1907, fue Vida y dulzura, escrita en colaboración con Santiago Rusiñol. En 1908, con éxito moderado, se estrenó Juventud, divino tesoro y un año después La sombra del padre. El primer éxito importante llega con El ama de la casa en 1910. Poesía de lo cotidiano, plagada de sentimentalismo, de ingenuo idealismo a veces, de optimismo y entusiasmo ante la vida, de moralina templada que preconiza reformas poco dramáticas, formuladas siempre con suma moderación, de los sistemas sociales anticuados con el fin de aliviar la situación de los desheredados y en especial de la mujer. La fórmula, con ligeras variantes, puesto que aquí las protagonistas son monjas de clausura, se asienta definitivamente con el éxito más emblemático de la firma Martínez Sierra, Canción de cuna, fábula de una niña abandonada en el torno de un convento que viene a ser hija de la comunidad que la ampara, hasta su matrimonio. Fue estrenada en el teatro Lara el 21 de febrero de 1911 y recibida por la crítica como “obra modernísima”, que “tiene como principal mérito el rarísimo de la originalidad”, verdadero “teatro de arte, de poesía, de emoción”. También fueron éxitos: Amanecer, El arte de amar, La adúltera, Sueños de una noche de agosto, El corazón ciego, Rosina es frágil, Cada uno y su vida, Mujer, Mamá, Para hacerse amar locamente, Madame Pepita, Don Juan de España, La torre de marfil y Triángulo. Al lado de estos títulos de piezas puramente teatrales hay que destacar los libretos que, en colaboración con los principales músicos del momento, dieron lugar a piezas escénicas tan memorables como El amor brujo y El corregidor y la molinera, de Falla; Las golondrinas, de Usandizaga o Navidad, de Turina.
Manuel de Falla fue un gran amigo de María Lejárraga. Aceptó el humor de María de buen grado, quien le llamaba en andaluz Don Manué o Mi don Manué, y al genial músico le debía hacer tanta gracia como para firmarse él en sus cartas a María, D. Manué y alguna vez añadió (“er de las músicas”). En las cartas de la primera parte del año 1915, hay constantes referencias a la composición de El amor brujo. Los originales del libreto de El amor brujo están manuscritos de puño y letra de la escritora.
María de la O Léjarraga al proclamarse la Segunda República, el 14 de abril de 1931, se incorpora al campo de la política. Con su acta de diputada por Granada, el 19 de noviembre de 1933, María iba a dar salida a sus más ardientes inquietudes: llevar la cultura al pueblo, la asistencia sanitaria y reivindicar para la mujer a todos los niveles el papel relevante que le correspondía. Esta vez se trataba de hacer propaganda electoral: “Acaso hubo en mi madurez un momento en que sentí cansancio en tarea habitual. Y para ahogar tu voz, que me mandaba seguir escribiendo, me lancé a hablar”. Está hablando a su conciencia, pero en realidad en su subconsciente se dirige a Gregorio Martínez Sierra, con el que siempre dialogó a pesar de su separación y lejanía. Horas serenas, titula María, sus memorias vividas junto a Gregorio, que finalmente las tituló el editor Gregorio y yo, y que son un canto a la memoria de su “amado esposo”, a quien jamás descalificó. Y como dijo la voz de la firma Martínez Sierra: “Acaso ellas lo lean en un día / de más honda tristeza, / y suspirando agradeciéndotelo, / perfilen una flor para el poeta”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
¡Necesitamos vivir en paz!
Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm.
Gracias
(1881-1947)
“Gregorio: nada al cantor determina
como el gentil estímulo del beso;
gloria al sabor de la boca divina.
¡La mejor musa es la de carne y hueso!
Rubén Darío.
LA VOZ DE LA FIRMA MARTINEZ SIERRA
Gregorio Martínez Sierra, con la colaboración no declarada de su esposa María de la O Lejárraga, ha producido muchas obras rebosantes de ternura optimista. A Martínez Sierra le dedicó el maestro Rubén Darío su bellísima Balada en honor de las musas de carne y hueso.
Hoy los libros de historia de la literatura recuerdan a Gregorio Martínez Sierra como una figura decisiva para entender la génesis del modernismo español, por su infatigable labor al frente de revistas de primer orden como Vida Moderna, Helios, o Renacimiento y también por su dedicación a empresas editoriales que marcaron toda una época, como Renacimiento y La Estrella; pero a la vez hay que resaltar que fue uno de los directores teatrales más innovadores del momento y un introductor constante de las novedades escénicas europeas. Es calificado por Sainz de Robles como “el mejor director artístico que ha contado el teatro español”. “Mi marido -escribía María de la O Lejárraga-, mientras yo emborronaba cuartillas con lirismos vendidos se ocupaba de fundar y organizar la primera de sus empresas editoriales”.
Gregorio Martínez Sierra nace en Madrid. en 1881. Fue director del teatro Eslava de Madrid, desde 1917 hasta 1925. Desde 1931 Gregorio Martínez Sierra reside en Estados Unidos y Argentina, donde dirige la sección hispánica de la producción Fox. Muere en Madrid el 30 de septiembre de 1947.
Gregorio comienza publicando versos modernistas Flores de escarcha y Horas de sol. La obra literaria de María Lejárraga, bajo el nombre de Gregorio Martínez Sierra, es copiosa, tanto en el campo de la novelística como en el de la dramaturgia. Su novela Tú eres la Paz, publicada en Barcelona en 1909, constituyó un best-seller. En 1919 la novela fue adaptada para la escena con el nombre de Madrigal. Tú eres la paz forma parte del trío de novelas largas de la firma Martínez Sierra, con La humilde verdad (1904) y El amor catedrático (1910). La primera obra que lograron llevar a un escenario, en 1907, fue Vida y dulzura, escrita en colaboración con Santiago Rusiñol. En 1908, con éxito moderado, se estrenó Juventud, divino tesoro y un año después La sombra del padre. El primer éxito importante llega con El ama de la casa en 1910. Poesía de lo cotidiano, plagada de sentimentalismo, de ingenuo idealismo a veces, de optimismo y entusiasmo ante la vida, de moralina templada que preconiza reformas poco dramáticas, formuladas siempre con suma moderación, de los sistemas sociales anticuados con el fin de aliviar la situación de los desheredados y en especial de la mujer. La fórmula, con ligeras variantes, puesto que aquí las protagonistas son monjas de clausura, se asienta definitivamente con el éxito más emblemático de la firma Martínez Sierra, Canción de cuna, fábula de una niña abandonada en el torno de un convento que viene a ser hija de la comunidad que la ampara, hasta su matrimonio. Fue estrenada en el teatro Lara el 21 de febrero de 1911 y recibida por la crítica como “obra modernísima”, que “tiene como principal mérito el rarísimo de la originalidad”, verdadero “teatro de arte, de poesía, de emoción”. También fueron éxitos: Amanecer, El arte de amar, La adúltera, Sueños de una noche de agosto, El corazón ciego, Rosina es frágil, Cada uno y su vida, Mujer, Mamá, Para hacerse amar locamente, Madame Pepita, Don Juan de España, La torre de marfil y Triángulo. Al lado de estos títulos de piezas puramente teatrales hay que destacar los libretos que, en colaboración con los principales músicos del momento, dieron lugar a piezas escénicas tan memorables como El amor brujo y El corregidor y la molinera, de Falla; Las golondrinas, de Usandizaga o Navidad, de Turina.
Manuel de Falla fue un gran amigo de María Lejárraga. Aceptó el humor de María de buen grado, quien le llamaba en andaluz Don Manué o Mi don Manué, y al genial músico le debía hacer tanta gracia como para firmarse él en sus cartas a María, D. Manué y alguna vez añadió (“er de las músicas”). En las cartas de la primera parte del año 1915, hay constantes referencias a la composición de El amor brujo. Los originales del libreto de El amor brujo están manuscritos de puño y letra de la escritora.
María de la O Léjarraga al proclamarse la Segunda República, el 14 de abril de 1931, se incorpora al campo de la política. Con su acta de diputada por Granada, el 19 de noviembre de 1933, María iba a dar salida a sus más ardientes inquietudes: llevar la cultura al pueblo, la asistencia sanitaria y reivindicar para la mujer a todos los niveles el papel relevante que le correspondía. Esta vez se trataba de hacer propaganda electoral: “Acaso hubo en mi madurez un momento en que sentí cansancio en tarea habitual. Y para ahogar tu voz, que me mandaba seguir escribiendo, me lancé a hablar”. Está hablando a su conciencia, pero en realidad en su subconsciente se dirige a Gregorio Martínez Sierra, con el que siempre dialogó a pesar de su separación y lejanía. Horas serenas, titula María, sus memorias vividas junto a Gregorio, que finalmente las tituló el editor Gregorio y yo, y que son un canto a la memoria de su “amado esposo”, a quien jamás descalificó. Y como dijo la voz de la firma Martínez Sierra: “Acaso ellas lo lean en un día / de más honda tristeza, / y suspirando agradeciéndotelo, / perfilen una flor para el poeta”.
Francisco Arias Solise-mail: aarias@arrakis.esURL: http://www.arrakis.es/~aarias
WIKIPEDIA: http://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Arias_Sol%C3%ADs
¡Necesitamos vivir en paz!
Aviso: Se ruega a los internautas que pongan en sus páginas el logotipo o banner de Internautas por la Paz y la Libertad que figura en la URL: http://www.arrakis.es/~aarias/internau.htm.
Gracias
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